el sotano

en la revista de teatro “el sótano”, la relatoría de Re Posiciones. por Shaday Larios, Sergio Arturo Honey Escandon y Maite Malaga.
gracias Bertha Díaz

http://elsotanorevista.org/resources/Numero-5/9.-LaCaverna.pdf

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Autoentrevista. Tamara Cubas. Sección cartografías Reposiciones 2012

http://www.youtube.com/watch?v=HgqjOcDKO8Y&feature=youtu.be

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Sexto día desde la ausencia y un Séptimo Silencio. Fin de Reposiciones. Sergio Honey.

‎”En cualquier momento del desarrollo del diálogo existen las masas enormes e ilimitadas de sentidos olvidados, pero en los momentos determinados del desarrollo ulterior del diálogo, en el proceso, se recordarán y revivirán en un contexto renovado y en un aspecto nuevo. No existe nada muerto de una manera absoluta cada sentido tendrá su fiesta de resurrección. Problema del gran tiempo”.

Mijail Bajtin, Estética de la Creación Verbal

No lograr asistir a un evento implica asumir la temporalidad del presente con sus indicios de lo imprevisto. Y eso me coloca en una disposición distinta de escucha al momento del confesionario. El día sexto estuvieron Colectivo AM con La coronela 1940, Punto de partida de Waldeen, Mariana Gianfranco y Sin Siberia, y una Retrospectiva de Juan Francisco Maldonado, un espectro y dos restos porvenir. De la retrospectiva oí en el descanso de El Milagro las canciones interpretadas por Juan Francisco  y risas de los espectadores, al tiempo de que miré de manera alternada las cartografías. Sergio López Sánchez, investigador del CITRU consideró para un proyecto de exposición la posibilidad de que se oyera en los distintos públicos que él, como actor lograba distinguir al momento de los aplausos: el de ópera, el de la carpa, el del teatro. Y eso oí, lo entrañable empático entre espectador y Juan Francisco, apropiación de una labor de escena, simbiosis de la memoria en lo intangible.

El confesionario se tiñó de un espectro particular denominado mercado de arte y públicos, mediado por el saber hacer de la danza de los ejecutantes y de ahí se trasladó la conversación hacia la noción del tiempo convocada a este evento, y la pregunta fue dirigida a Edwin Culp, uno de los organizadores. Edwin enunció una temática pendiente sobre el cuerpo y describió las líneas de Re/Posiciones. Las nociones de corporalidad y cuerpo ausente emergieron al tiempo de que Edwin evocó un futuro anterior en una pregunta de Ricardo Díaz, hecha en la emisión pasada “¿Cómo le harán para no institucionalizarse?” Esta pregunta fue el argumento de la corporalidad del tiempo dislocado. La retrospectiva de Juan Francisco es una suerte de institucionalización de una figura pública en futuro anterior, el homenaje a un resto por venir es memoria de lo entrañable de escenas evocadas por Poncelis…. e incluso el decir realizar montajes para la expectativa del público, es un tiro de gracia para un Ricardo Díaz que evita la oficialización discursiva. La institucionalización es realizar aquello que se espera de esa estructura establecida y –para nada- estable. ¿Cómo no institucionalizarse? ¿Cómo generar transversalidad? Quizá no colocándose desde un saber a la hora de conversar o devolver la responsiva de las palabras para que el otro asuma su experiencia, su acercamiento, su reflexión, su búsqueda y quizá encuentro con aquella afección latente. Quizá sólo apartándose de la focalización de la conversación e invisibilizarse un instante. Pero se necesita lo estable para la dislocación, el desplazamiento, la transversalidad, la incertidumbre y el error, molécula del caos que permite ahondar en aquello que evitamos para guarecernos en las zonas de confort.

De aquí vinculo la noción de la errata escénica. Aún en ese saber hacer los procesos de incertidumbre hay presencia del accidente inevitable como ocurrió con Armas Blancas (achacado al silbido de Rubén Ortiz que detonó otro espectro: Ludwik Margules) y con El veneno que duerme. Más notorio en uno que en otro, lo inevitable, evocar la incertidumbre es parte de la interacción con lo caótico, como ocurrió con The Great Learning, orientado por Pablo Chemor y Alex Bruck. En esta experimentación sonora vocal, lo peculiar fue el silencio al momento de esperar que alguien expresara de manera hablada “Un espectro recorre México”. Ninguno de los presentes asumió la responsabilidad de decirla, y aquí vuelvo a cómo posiciono individualmente al otro, a los que orientaron el ejercicio a los cantantes, como los que darían la última indicación. Se desmarcaron de la mirada y se ocultaron sin lograrlo entre los asistentes. Este silencio, esta expectativa colocada en el otro fue lo que Ricardo Díaz ahondó en el confesionario intermedio -que siguió mientras The great learning iniciaba-. Ese vacío de la escena, imperceptible muchas veces, es  lo que permite generar en el espectador su imaginario posible o la realización o no de expectativa. Necesidad de cuerpos ausentes, de silencios para que el otro medie su subjetividad…, corporalidad de la reposición, médius culturales donde, a decir de una asistente al confesionario, citando a Heidegger, el pasado se anula al nombrarlo. Aunque Ricardo Díaz haya querido anular la expectativa de sus restos con la enunciación de su vitalidad, es inevitable el futuro anterior, los restos porvenir y la espectralidad.

Somos acontecimiento, un aconteSer (sí con S como lo apuntó alguna vez Tatiana Buvnova en un seminario de Bajtin) es ser juntos en el ser donde ser en la vida compromete.

Bienvenida la inconclusividad…

 

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Retrospectiva/ Juan Francisco Maldonado

“PERSONA.PIEZA  es un intento desesperado de volverme un rockstar antes de cumplir 27”

Juan Francisco Maldonado

 

“Being an artist is not easy – I have always said that to the students I have taught over the years. It’s a huge sacrifice.”

Marina Abramovic

El vencedor escribe la Historia de la guerra, lo sabemos todos. La Historia como institución o, mejor dicho, como institucionalización del pasado, mantiene viva a la sociedad, o nos lo hace creer, y funciona a muchos niveles. Al construir la Historia propia, la personal, nos encontramos con juegos de poder internos tan complejos como los de la macro Historia. La multiplicidad de nuestro ser entra en conflicto, y alguna parte gana alternadamente. Alguna parte se autoinstitucionaliza mientras otra es negada. Lo anterior no quiere decir que toda nuestra historia personal sea una simplificación de nuestra persona, sino que es un intento de simplificación. Un persona “eufemizada”,

pero tiene sus ventajas…

Hacer la retrospectiva de un artista es como escribir un libro de Historia de México para 6º de primaria. Es autorizar la trayectoria de alguien, darle brillo, pimpearla y a la vez convertir a ese alguien en un símbolo patrio. La institución decide que ya es tiempo. La retrospectiva, en la mayoría de los casos, es entregada al artista a través de un mecanismo parecido al de un doctorado honoris causa: uno tiene que trabajar mucho, hacer muchos amigos y esperar a que el tiempo vaya cediendo. La institución sabe cuando ya es tiempo.

Qué pasa si no tenemos tiempo?

JUANFRAN MALDONADO

juanfranmaldonado.blogspot.com

 

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Espacios Testimoniales/ Si el tiempo está fuera de quicio, la idea de verdad también

ESPACIOS TESTIMONIALES/Si el tiempo está fuera de quicio, la idea de verdad también Shaday Larios

Estoy en paz conmigo mismo porque he testimoniado Levi

          Sacar de su condena a lo inenarrable  y no perderle de vista para arruinarle-revivirle (arruinar es convertir en ruina) en observatorio para que tenga cuerpo, nombre propio, rostro, lugar, escucha su enunciación. Y lo inenarrable la mayoría de las veces lo es por desconocido, no porque no se pueda testimoniar. Lo inenarrable-desconocido es parte de un procedimiento que coadyuva hacia la amnesia capitalista, en la que sólo se pretende recordar una construcción de lo “heroico político”, como si esta idea de fracaso no tuviera como binomio inmediato desde su origen el concepto de progreso. Cada monumento civil tiene un subtexto que podríamos hacer enloquecer. Cada fisonomía una sub-fisonomía, cada noticia masiva una sub-noticia masiva, cada entorno un sub-entorno. La intimidación hacia lo propio frente al otro, los otros, impulsa el derecho de la des-masificación y particulariza, denuncia los anonimatos y las lagunas  mentales de las sociedades fallidas, ocultas bajo el disfraz de una respetable maquinaria burocrática. Cada aprobación oficial tiene un subtexto que podríamos escuchar cómo enloquece al despojarse. El 23 de enero del 2012la Cámara de Diputados aprobó una Ley General de Archivos, y uno de sus artículos señala lo siguiente:

“La información clasificada como confidencial con fundamento enla Ley Federalde Transparencia y Acceso ala Información Pública Gubernamental, respecto de la cual se haya determinado su conservación permanente por tener valor histórico, conservará tal carácter por un plazo de 30 años a partir de la fecha de creación del documento que la contenga, o bien de 70 años tratándose de datos personales que afecten a la esfera más íntima de su titular o cuya utilización indebida pueda dar origen a discriminación o conlleve un riesgo grave para éste. Estos documentos se identificarán como históricos confidenciales.”

La confidencialidad aprobada gubernamentalmente sólo protege los intereses de los políticos y su silencio es como el silencio previo que acumula la energía para que suceda una catástrofe llamada exigencia al derecho de la información. Los documentos históricos confidenciales que no se podrán consultar a partir de ahora (sólo se pueden revisar expedientes hasta 1942 y a veces simplemente no se pueden consultar) reprimen las disfunciones de la historia que a su vez se conforma de evidencias desaparecidas. Si el tiempo está fuera de quicio, la idea de verdad contenida en él  también.

En tanto avanza Reposiciones Foro de Escena Contemporánea corroboramos una y otra vez la necesidad de crear entonces otros espacios testimoniales, otros confesionarios, otras mecánicas que desburocratizan su resultado para abrirle una zona de ser a la verdad de la memoria confrontada con la oficialidad. Sitios de visibilidad arropados por estructuras escénicas que asisten desde su investigación la ignorancia, la indolencia y el olvido y vuelven la confesión un recurso dialógico hacia lo colectivo. Si exhibimos nuestra intimidad en las redes sociales, si la intimidad se ha vuelto un espectáculo en ocasiones banal ¿Porqué la escena no habría de retorcer el formato en el espacio no virtual como un soporte para desnudar a la política? Testimoniar desde el que ha vivido, el que ha visto, el que ha padecido y no sólo desde el que ha escrito la historia desde afuera: instaurar así una dialéctica de supervivencias en este colapso del tiempo.

Define Agamben el testimonio: “Llamamos testimonio al sistema de las relaciones entre el dentro y el fuera de la langue, entre lo decible y lo no decible en toda lengua; o sea, entre una potencia de decir y su existencia, entre una posibilidad y una imposibilidad de decir.” El testimonio es esta intimidad indivisible, dice; y el sujeto escénico puede ser un indagador, un intermediario relator de pasos sucesivos en un desmantelamiento determinado. ¿Cuál es el tiempo del testimonio, en qué tiempo habita la confesión de ese testimonio, cómo el yo pasado se hace cuerpo presente que retrotrae la diversidad de los espectros que se resisten a no hacerse futuro? En estos espacios testimoniales ya no hay memoria histórica sino memoria a-histórica, pues cada nueva declaración propulsa actos idénticos impunes, censurados, desvanecidos en la fosa de la a-cronología.

 

 

 

 

 

 

 

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Cuarto día de Re/Posiciones. Habitar la catástrofe. Maite Málaga

Mejor desnudos de Danzarena presentado el cuarto y quinto día de Re/Posiciones propuso una dinámica “sencilla” de seguir para el público, a saber: me paro en el escenario, frente al público, mientras cuento/comparto con la audiencia una historia personal me desvisto, me despojo de mis ropas para vestir al que antes de mi se despojó de las suyas, aquel que se despojó también de su historia. Así sucesivamente fueron pasando uno a uno los que dijeron sí a la preguntas: “¿Serías capaz de despojarte de tus ropas para vestirlo a él, a ella?”.

Las reglas parecían claras, simples de seguir, pero en realidad el dispositivo escénico estaba destinado a desbordarse. Nada de lo que sucedió podía ser tomado a la ligera. Todo lo que sucedió confrontó a los escuchas, creó incomodidad, enojo, risas. Hasta los no invitados a desvestirse se manifestaron, cuestionaron, increparon. Se levantaron de su asiento a desvestirse por cuenta propia, mientras decían no entender si algo cambiaba esta acción. Borramiento de la jerarquía escénica, los despojados se reposicionaron en espectadores del público actuante.

Se manifestó la incertidumbre ante no saber “de qué va este teatro social”, “este teatro participativo”. Y en realidad, qué importa, las etiquetas sirven poco y menos aún cuando se realiza un acto de rebelión que violenta el orden.  Tamara Cubas en su Cartografía cuenta cuando si tía, victima de la dictadura en Uruguay, le dice que para ella “un cuerpo desnudo equivalía a la tortura”. Y en su proyecto de habitar el desastre, desastre resultado de las dictaduras militares Latinoamericanas se hace las siguientes preguntas: “¿Cuál es el cuerpo colectivo?, ¿cómo se rearma?, ¿cómo se juntan las partes?, ¿cómo se leen?, ¿cómo se interpreta ese pasado reciente?, ¿cómo cargamos o nos hacemos cargo de tanto dolor?, ¿cómo asumo un lugar?, ¿cómo me pongo en el  lugar del otro y si esto es imposible porqué duele tanto?, ¿cómo dialogo con él?”

Si el desastre es lo que queda después de la catástrofe, yo me pregunto ¿cómo se puede habitar la catástrofe? Porque lo potente de la propuesta de Danzarena no es mostrar cuerpos desnudos, sino cuerpos que viven en la catástrofe. Son nuestro cuerpos que cargan con las injurias de los cuerpos muertos. Por eso, como dice Marco Canale, en su texto, “es necesario contar esta historia con nombres y apellidos”. Es necesario contar el ahora con nombres y apellidos, porque nuestro cuerpo colectivo no está vivo para reinterpretar el pasado reciente, nuestro cuerpo colectivo es el de los muertos. El dolor no es el del duelo, sino el de la violencia que causo la muerte.

Mejor desnudos termina con una cita de Proverbios del infierno de William Blake, aquí un fragmento.

Proverbios del infierno (fragmento)

William Blake

El cuerpo muerto no venga injurias.

El acto más sublime consiste en poner a otro ante ti.

La necedad es el atuendo de la bellaquería.
La vergüenza es el atuendo del orgullo.

Las prisiones se construyen con piedras de Ley;
los lupanares con ladrillos de religión.

Ningún pájaro se remonta demasiado alto si lo hace con sus propias alas.

Un cuerpo muerto no venga injurias.

El exceso de tristeza ríe; el exceso de alegría solloza.

La Locura es el manto de la Bellaquería.
La Vergüenza es el manto del Orgullo.

El rugido del león, el aullido de los lobos, el furor del mar en la tormenta, y la
destructiva espada son porciones de Eternidad demasiado grandes para el ojo del hombre.

El Goce fecunda, el Dolor pare.

El pájaro un nido, la araña una red, el hombre amistad.

Lo que hoy es probado, fue una vez tan solo imaginado.

La altivez del pavo real es la gloria de Dios.
La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.
La cólera del león es la sabiduría de Dios.
La desnudez de la mujer es obra de Dios.

Los tigres de la ira son más sabios que los caballos de la instrucción.

Aquel que ha sufrido tus imposiciones en él, te conoce.

El rugir de los leones, el aullido de los lobos,
el oleaje furioso del mar huracanado y la espada
destructora son porciones de la eternidad demasiado
grandes para que las aprecie el ojo humano.

En tiempo de siembra aprende, en la cosecha enseña, en invierno disfruta.

Que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón de la oveja.

Presto has de estar para decir lo que piensas,
que así el ruin te evitará.

Todo lo que es posible creerse
es imagen de la verdad.

Lectura obligada sobre este tema es el ensayo de Shaday Larios (relatora que deviene en musa): Escenarios post-catástrofe: filosofía escénica del desastre. Publicado por Paso de Gato (http://www.pasodegato.com/tienda/catalog/?ac=det&pid=68)

 

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Días 4 y 5

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Cuarto día en Re/Posiciones y un Re/quinto. Sergio Honey

Escuché esa caja de madera. Es el proyecto Retorno de Ulises de Teatro Blanco, surgido en Prácticas de vuelo. Y es un cajón de la memoria. Narrado con efusividad, la documentación de los dispositivos que incidieron en la activación de una historia referida a un libro sobre San Agustín Etla, Oaxaca. Y fue evocado el Teatro de la Memoria, no en el sentido de Frances A. Yates, sino como la forma de incidir en una población de un pasado adormecido con dispositivos escénicos sin interferir en su proceso de reapropiación.  No es la estrategia parasitaria de El Balcón, es la estrategia de activación cultural ante esos vacíos documentales que dejaron para que la gente de la comunidad los llene con sus recuerdos.

Lagartijas tiradas al sol en El PRI evocan el fragmento de un montaje donde una pantalla testimonial que pide el retorno al PRI, es flanqueada por una mascarada priísta y panista, hacia un abrazo fraternal de los ya conocidos en las transiciones de poder. En medio, una plaza pública masacrada a huevazos nada literales y muy simbólicos ante un gesto de dolor impostergable: Tlatelolco-Tianamen y un Rumor del Incendio.  En este espacio, la memoria de lo inevitable: continuidades de un ejercicio de poder a partir de una poética precisa de Lagartijas, la inserción del teatro en miniatura, el teatro de juguete para contemplar a vuelo de pájaro el olvido oficial de los desaparecidos.

Manuel Poncelis nos departió su experiencia en Lo que calan son los filos en una plática entrañable, incluyendo un reclamo de más de veinte años de antigüedad por unas luces que no llegaron, y monólogos que interactuaron con las páginas de su tesis El Caravaggio en una propuesta teatral : lo que cala son los filos…  Son tres aspectos que caracterizan a esta apuesta, a decir de Rubén Ortiz: obra considerada postmoderna,  con fisicalidad corporal y espacial y, tercero, pauta a maestros universitarios para representar teatro en espacios pequeños. Lo que calan itineró por mundo de escalinatas adecuándose a cada una. Aquí una realidad matérica sorpresiva: lo que es un espacio de tránsito fue hábitat de un “fresco de la conquista”.

Mejor desnudos, despojarse la investidura de la piel de tela e investir al escenario con cadáveres calzados. Trazos de lazos rojos en el suelo ante dos públicos distintos… aún no asimilo las sensaciones a pesar de haber transmitido tanto Shaday como yo comentarios via Face durante las dos funciones. Y no sólo el efecto en mí de la propuesta de Danza Arena, sino nuestras reacciones expectantes desde la no afectación hacia la extrañeza, la risa, la introspección… el espacio del confesionario fue desbordado hacia afuera del Milagro, y no era posible contenerlo en la fisicalidad de un cuarto a espaldas del acontecimiento. El Yo Piel, a manera de Didier Anzieu quizá trace las (im) posibilidades de transferir un estado de dolor nada ajeno.

¿Cuál habrá sido el estado de la cuestión entre ayer y hoy, donde un espacio para sensar el proceso, como estaba programado Picnic dentro de El Milagro fue un convivio en toda su extensión trasladado en a estancia y en la intimidad de la calle? Re/posicionar es ser perceptible a los cambios en la atmósfera de un evento para no forzar procesos…

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Me levanto a la mañana repleto de imágenes de las compañeras de Chihuahua. Marco Canale

Vuelvo a verlas a ellas y al público ubicarse como se ubicó en el escenario para realizar una acción verdadera: compartir una parte de su vida, a veces, la mayoría, una parte de su dolor. Como si éste fuera – y creo que en parte lo es – parte del origen de todo esto que nos rodea, como si fuera un nudo que tal vez no tenga solución pero sí tiene huellas, costras que se fueron tejiendo en nuestra historia y que fuimos enterrando como cuerpos adentro nuestro. Yo nunca había pensado en nuestra relación con el desnudo y con el hecho socializante de que nos vistan, de que lo que llevamos no sea solo una forma de protección – supongo que así comenzaron a vestirnos hace miles de años – sino para no avergonzarnos, para taparnos, para cubrirnos, para no dejar un resquicio a al miedo (y pienso en la moda y en los cuerpos de las mujeres que vemos en los medios, que están destrozados, destazados o lo que se considera perfectos). Y pienso que la pieza es una metáfora bestial sobre nuestros vestidos, sobre todo lo que nos ponemos y nos ponen encima, sobre todo lo que recubre lo que no entendemos. Como si los vestidos que venimos arrastrando desde generaciones no se hubieran podido ir, nunca se hubieran limpiado, y vamos arrastrando jirones de vestidos de nuestros antepasados, de nuestra historia, y ya se han mezclado los vestidos y los huesos. Ayer a la noche pensaba que no hay prácticamente ningún lugar en nuestra sociedad para compartir nuestro dolor, salvo que tengamos dinero para pagar un psicólogo, si nos interesan, o que tengamos fe en la confesión cristiana. Ya ni siquiera, como nos cuenta Cynthia, nos queda el espacio para ir el entierro (y en mi mente sobrevolaba el espectro del poeta y guerrillero Paco Urondo, que también fue enterrado casi en soledad, porque si ibas ahí te podían matar). Y ayer en el teatro se abrió un espacio que no era privado, sino un espacio compartido donde volcar un dolor – una vida – que fue disparado por Perla sentada y por los disparos que suenan en la noche de Chihuahua y el hijo de Cynthia que se mete en su cama y ya no hay espacio para decirle, “todo va a estar bien”, y sigue sobrevolando sobre la imagen del chaleco rojo con el que se suicidó la hermana de Marisa. Mientras tanto se desnudan, y ahora que estoy desnuda, necesito que me vistas con tu ropa mientras sacas para afuera tu historia, tu dolor, tu espectro. Y fueron pasando espectadores y las historias parecían sacadas de un texto escrito, como si estuvieran preparadas, y siento que así, era, porque estaban esperando salir, anidadas adentro de nuestros huesos. Y un chico pidió que apagaran la cámara por miedo, y una joven, la única mujer, se escondió detrás de él en un acto de inconsciente valentía – allá estaba su verdadera desnudez – y entro Fernando y me quebró el corazón y la cabeza, con la historia de su familia y su relación con “eso”, y la violencia en su casa, no ver golpes pero escucharlos y la violencia de la escuela (y vuelvo a pensar en la educación y las colonizaciones). Y un chico dijo no tengo nada que decir, pero en este país o nos morimos de cáncer o nos morimos de un tiro. Y yo pensaba al terminar la función que es la primera vez que veo participar al público sin  caer en lo falso, en algo que no se sostiene o como pasa con el teatro del oprimido, que va en la búsqueda de una solución (y yo dejé de pensar hace tiempo en las soluciones prácticas para las generaciones de huesos que arrastramos dentro). Y ellas seguían quebrando un espacio para compartir, algo que en nuestra sociedad de máscaras no está permitido (y vuelven las impactante imágenes de Luisa y Gabino enmascarados, y los huesos dentro de las palabras que escribieron mientras las bombas caían y van a seguir cayendo sobre los muñecos y que salen de un casco romano). Y los vestidos van creciendo, y lo más increíble, y pienso en el poder del sistema en el que vivimos, es que terminamos amando a nuestros propios vestidos que otros cosieron (también los que nos refugian en el teatro). De ahí vienen las resistencias y las violencias (también los miedos) que se expresaron y que terminaron de conformar un mapa, una metáfora por momentos casi explícita del país, que se va completando con recortes recientes de la prensa, de los más banales a los más terribles. Y es entonces cuando Cinthia y Marisa se abrazan y Perla se desnuda, se quita el maquillaje, y se hace más presente que nunca el acto político de la desnudez. Y el acto político de encontrar lo íntimo y lo compartido, nos devuelve algo de lo que perdimos.

P.d: A veces, no sé por qué, y esto atraviesa las diferentes familias del teatro que conozco -y pienso con horror en las familias del teatro- matamos  nuestra propia memoria. Y pienso en el acto de memoria que fue ver la reposición del trabajo “Lo que duelen son los filos”, y la unión de los muertos de ayer con los muertos de hoy, y con los de los últimos setenta años. Y pienso que la memoria es la contratara del dolor, la parte de vida que nos regalan los que vinieron antes.

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Futuro Anterior de “Lo que calan son los filos” con Manuel Poncelis

Hoy nos compartió Manuel Poncelis su génesis y tránsito en Lo que calan son los filos de Mauricio Jiménez… Después de una introducción en futuro anterior de Rubén Ortiz de esta puesta en escena, Poncelis nos leyó unas palabras, no sin comentarios con fuerza irónica, y cedió su texto a la relatora Shaday Larios para publicarlo en este espacio. Al finalizar la lectura, nos departió monólogos interactuando con las imágenes de su tesis El Caravaggio en una propuesta teatral : lo que cala son los filos…

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