Sexto día desde la ausencia y un Séptimo Silencio. Fin de Reposiciones. Sergio Honey.

‎”En cualquier momento del desarrollo del diálogo existen las masas enormes e ilimitadas de sentidos olvidados, pero en los momentos determinados del desarrollo ulterior del diálogo, en el proceso, se recordarán y revivirán en un contexto renovado y en un aspecto nuevo. No existe nada muerto de una manera absoluta cada sentido tendrá su fiesta de resurrección. Problema del gran tiempo”.

Mijail Bajtin, Estética de la Creación Verbal

No lograr asistir a un evento implica asumir la temporalidad del presente con sus indicios de lo imprevisto. Y eso me coloca en una disposición distinta de escucha al momento del confesionario. El día sexto estuvieron Colectivo AM con La coronela 1940, Punto de partida de Waldeen, Mariana Gianfranco y Sin Siberia, y una Retrospectiva de Juan Francisco Maldonado, un espectro y dos restos porvenir. De la retrospectiva oí en el descanso de El Milagro las canciones interpretadas por Juan Francisco  y risas de los espectadores, al tiempo de que miré de manera alternada las cartografías. Sergio López Sánchez, investigador del CITRU consideró para un proyecto de exposición la posibilidad de que se oyera en los distintos públicos que él, como actor lograba distinguir al momento de los aplausos: el de ópera, el de la carpa, el del teatro. Y eso oí, lo entrañable empático entre espectador y Juan Francisco, apropiación de una labor de escena, simbiosis de la memoria en lo intangible.

El confesionario se tiñó de un espectro particular denominado mercado de arte y públicos, mediado por el saber hacer de la danza de los ejecutantes y de ahí se trasladó la conversación hacia la noción del tiempo convocada a este evento, y la pregunta fue dirigida a Edwin Culp, uno de los organizadores. Edwin enunció una temática pendiente sobre el cuerpo y describió las líneas de Re/Posiciones. Las nociones de corporalidad y cuerpo ausente emergieron al tiempo de que Edwin evocó un futuro anterior en una pregunta de Ricardo Díaz, hecha en la emisión pasada “¿Cómo le harán para no institucionalizarse?” Esta pregunta fue el argumento de la corporalidad del tiempo dislocado. La retrospectiva de Juan Francisco es una suerte de institucionalización de una figura pública en futuro anterior, el homenaje a un resto por venir es memoria de lo entrañable de escenas evocadas por Poncelis…. e incluso el decir realizar montajes para la expectativa del público, es un tiro de gracia para un Ricardo Díaz que evita la oficialización discursiva. La institucionalización es realizar aquello que se espera de esa estructura establecida y –para nada- estable. ¿Cómo no institucionalizarse? ¿Cómo generar transversalidad? Quizá no colocándose desde un saber a la hora de conversar o devolver la responsiva de las palabras para que el otro asuma su experiencia, su acercamiento, su reflexión, su búsqueda y quizá encuentro con aquella afección latente. Quizá sólo apartándose de la focalización de la conversación e invisibilizarse un instante. Pero se necesita lo estable para la dislocación, el desplazamiento, la transversalidad, la incertidumbre y el error, molécula del caos que permite ahondar en aquello que evitamos para guarecernos en las zonas de confort.

De aquí vinculo la noción de la errata escénica. Aún en ese saber hacer los procesos de incertidumbre hay presencia del accidente inevitable como ocurrió con Armas Blancas (achacado al silbido de Rubén Ortiz que detonó otro espectro: Ludwik Margules) y con El veneno que duerme. Más notorio en uno que en otro, lo inevitable, evocar la incertidumbre es parte de la interacción con lo caótico, como ocurrió con The Great Learning, orientado por Pablo Chemor y Alex Bruck. En esta experimentación sonora vocal, lo peculiar fue el silencio al momento de esperar que alguien expresara de manera hablada “Un espectro recorre México”. Ninguno de los presentes asumió la responsabilidad de decirla, y aquí vuelvo a cómo posiciono individualmente al otro, a los que orientaron el ejercicio a los cantantes, como los que darían la última indicación. Se desmarcaron de la mirada y se ocultaron sin lograrlo entre los asistentes. Este silencio, esta expectativa colocada en el otro fue lo que Ricardo Díaz ahondó en el confesionario intermedio -que siguió mientras The great learning iniciaba-. Ese vacío de la escena, imperceptible muchas veces, es  lo que permite generar en el espectador su imaginario posible o la realización o no de expectativa. Necesidad de cuerpos ausentes, de silencios para que el otro medie su subjetividad…, corporalidad de la reposición, médius culturales donde, a decir de una asistente al confesionario, citando a Heidegger, el pasado se anula al nombrarlo. Aunque Ricardo Díaz haya querido anular la expectativa de sus restos con la enunciación de su vitalidad, es inevitable el futuro anterior, los restos porvenir y la espectralidad.

Somos acontecimiento, un aconteSer (sí con S como lo apuntó alguna vez Tatiana Buvnova en un seminario de Bajtin) es ser juntos en el ser donde ser en la vida compromete.

Bienvenida la inconclusividad…

 

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