Espacios Testimoniales/ Si el tiempo está fuera de quicio, la idea de verdad también

ESPACIOS TESTIMONIALES/Si el tiempo está fuera de quicio, la idea de verdad también Shaday Larios

Estoy en paz conmigo mismo porque he testimoniado Levi

          Sacar de su condena a lo inenarrable  y no perderle de vista para arruinarle-revivirle (arruinar es convertir en ruina) en observatorio para que tenga cuerpo, nombre propio, rostro, lugar, escucha su enunciación. Y lo inenarrable la mayoría de las veces lo es por desconocido, no porque no se pueda testimoniar. Lo inenarrable-desconocido es parte de un procedimiento que coadyuva hacia la amnesia capitalista, en la que sólo se pretende recordar una construcción de lo “heroico político”, como si esta idea de fracaso no tuviera como binomio inmediato desde su origen el concepto de progreso. Cada monumento civil tiene un subtexto que podríamos hacer enloquecer. Cada fisonomía una sub-fisonomía, cada noticia masiva una sub-noticia masiva, cada entorno un sub-entorno. La intimidación hacia lo propio frente al otro, los otros, impulsa el derecho de la des-masificación y particulariza, denuncia los anonimatos y las lagunas  mentales de las sociedades fallidas, ocultas bajo el disfraz de una respetable maquinaria burocrática. Cada aprobación oficial tiene un subtexto que podríamos escuchar cómo enloquece al despojarse. El 23 de enero del 2012la Cámara de Diputados aprobó una Ley General de Archivos, y uno de sus artículos señala lo siguiente:

“La información clasificada como confidencial con fundamento enla Ley Federalde Transparencia y Acceso ala Información Pública Gubernamental, respecto de la cual se haya determinado su conservación permanente por tener valor histórico, conservará tal carácter por un plazo de 30 años a partir de la fecha de creación del documento que la contenga, o bien de 70 años tratándose de datos personales que afecten a la esfera más íntima de su titular o cuya utilización indebida pueda dar origen a discriminación o conlleve un riesgo grave para éste. Estos documentos se identificarán como históricos confidenciales.”

La confidencialidad aprobada gubernamentalmente sólo protege los intereses de los políticos y su silencio es como el silencio previo que acumula la energía para que suceda una catástrofe llamada exigencia al derecho de la información. Los documentos históricos confidenciales que no se podrán consultar a partir de ahora (sólo se pueden revisar expedientes hasta 1942 y a veces simplemente no se pueden consultar) reprimen las disfunciones de la historia que a su vez se conforma de evidencias desaparecidas. Si el tiempo está fuera de quicio, la idea de verdad contenida en él  también.

En tanto avanza Reposiciones Foro de Escena Contemporánea corroboramos una y otra vez la necesidad de crear entonces otros espacios testimoniales, otros confesionarios, otras mecánicas que desburocratizan su resultado para abrirle una zona de ser a la verdad de la memoria confrontada con la oficialidad. Sitios de visibilidad arropados por estructuras escénicas que asisten desde su investigación la ignorancia, la indolencia y el olvido y vuelven la confesión un recurso dialógico hacia lo colectivo. Si exhibimos nuestra intimidad en las redes sociales, si la intimidad se ha vuelto un espectáculo en ocasiones banal ¿Porqué la escena no habría de retorcer el formato en el espacio no virtual como un soporte para desnudar a la política? Testimoniar desde el que ha vivido, el que ha visto, el que ha padecido y no sólo desde el que ha escrito la historia desde afuera: instaurar así una dialéctica de supervivencias en este colapso del tiempo.

Define Agamben el testimonio: “Llamamos testimonio al sistema de las relaciones entre el dentro y el fuera de la langue, entre lo decible y lo no decible en toda lengua; o sea, entre una potencia de decir y su existencia, entre una posibilidad y una imposibilidad de decir.” El testimonio es esta intimidad indivisible, dice; y el sujeto escénico puede ser un indagador, un intermediario relator de pasos sucesivos en un desmantelamiento determinado. ¿Cuál es el tiempo del testimonio, en qué tiempo habita la confesión de ese testimonio, cómo el yo pasado se hace cuerpo presente que retrotrae la diversidad de los espectros que se resisten a no hacerse futuro? En estos espacios testimoniales ya no hay memoria histórica sino memoria a-histórica, pues cada nueva declaración propulsa actos idénticos impunes, censurados, desvanecidos en la fosa de la a-cronología.

 

 

 

 

 

 

 

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