Cuarto día en Re/Posiciones y un Re/quinto. Sergio Honey

Escuché esa caja de madera. Es el proyecto Retorno de Ulises de Teatro Blanco, surgido en Prácticas de vuelo. Y es un cajón de la memoria. Narrado con efusividad, la documentación de los dispositivos que incidieron en la activación de una historia referida a un libro sobre San Agustín Etla, Oaxaca. Y fue evocado el Teatro de la Memoria, no en el sentido de Frances A. Yates, sino como la forma de incidir en una población de un pasado adormecido con dispositivos escénicos sin interferir en su proceso de reapropiación.  No es la estrategia parasitaria de El Balcón, es la estrategia de activación cultural ante esos vacíos documentales que dejaron para que la gente de la comunidad los llene con sus recuerdos.

Lagartijas tiradas al sol en El PRI evocan el fragmento de un montaje donde una pantalla testimonial que pide el retorno al PRI, es flanqueada por una mascarada priísta y panista, hacia un abrazo fraternal de los ya conocidos en las transiciones de poder. En medio, una plaza pública masacrada a huevazos nada literales y muy simbólicos ante un gesto de dolor impostergable: Tlatelolco-Tianamen y un Rumor del Incendio.  En este espacio, la memoria de lo inevitable: continuidades de un ejercicio de poder a partir de una poética precisa de Lagartijas, la inserción del teatro en miniatura, el teatro de juguete para contemplar a vuelo de pájaro el olvido oficial de los desaparecidos.

Manuel Poncelis nos departió su experiencia en Lo que calan son los filos en una plática entrañable, incluyendo un reclamo de más de veinte años de antigüedad por unas luces que no llegaron, y monólogos que interactuaron con las páginas de su tesis El Caravaggio en una propuesta teatral : lo que cala son los filos…  Son tres aspectos que caracterizan a esta apuesta, a decir de Rubén Ortiz: obra considerada postmoderna,  con fisicalidad corporal y espacial y, tercero, pauta a maestros universitarios para representar teatro en espacios pequeños. Lo que calan itineró por mundo de escalinatas adecuándose a cada una. Aquí una realidad matérica sorpresiva: lo que es un espacio de tránsito fue hábitat de un “fresco de la conquista”.

Mejor desnudos, despojarse la investidura de la piel de tela e investir al escenario con cadáveres calzados. Trazos de lazos rojos en el suelo ante dos públicos distintos… aún no asimilo las sensaciones a pesar de haber transmitido tanto Shaday como yo comentarios via Face durante las dos funciones. Y no sólo el efecto en mí de la propuesta de Danza Arena, sino nuestras reacciones expectantes desde la no afectación hacia la extrañeza, la risa, la introspección… el espacio del confesionario fue desbordado hacia afuera del Milagro, y no era posible contenerlo en la fisicalidad de un cuarto a espaldas del acontecimiento. El Yo Piel, a manera de Didier Anzieu quizá trace las (im) posibilidades de transferir un estado de dolor nada ajeno.

¿Cuál habrá sido el estado de la cuestión entre ayer y hoy, donde un espacio para sensar el proceso, como estaba programado Picnic dentro de El Milagro fue un convivio en toda su extensión trasladado en a estancia y en la intimidad de la calle? Re/posicionar es ser perceptible a los cambios en la atmósfera de un evento para no forzar procesos…

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