Tercer día en Re/Posiciones. Lo político referencial y la encarnación de archivo en las afecciones. Sergio Honey.

Tocar de oídas implica la ausencia de un soporte físico de información que medie el sonido en una codificación.  Escribir de oídas es apelar a las referencias de los otros, es un escrito en otredad. El escuchar esa experiencia de lo visto ya ausente es atender a la postura del sujeto que expresa su relación con el acontecimiento. Hay entonces una suerte de referencialidades verbalizadas donde el sujeto se posiciona ante el evento: una acción política, o si se prefiere, una micropolítica.

Esta acción en lo inmediato la realiza el que expecta y el que ejecuta. Hay un re/posicionarse desde la expectativa que se genera de un suceso como del compartir lo percibido.

Y la misma narración de Marco Canale nos llevó en ese itinerario de cómo se re/posicionó ante los sucesos cambiantes de las políticas coercitivas de Álvaro Uribe, las FARC y el Diario El País ante los descuartizados y ejecutados para purgar comunidades de indígenas, negros y campesinos.

Pero esta narración, esta obra transfigurada por los hechos que fueron ocurriendo aún cuando la escribía, hacen pensar en las referencias políticas que él asume en su denuncia por la censura periodística y su búsqueda en Google de palabras-facto son obviadas o minimizadas por otro virtual. No es buscar el dato, lo político referencial, lo ya conocido, sino vivir en la  encarnación de un archivo la negación de su existencia, el ocultamiento ante lo conocido por él.

¿Qué es encarnar un archivo? Si bien hay una atracción hacia el archivo  por lo que se adentra en él, es la afección que nos causa ese acervo y la imposibilidad de contenerlo lo que conlleva a corporizarlo. En el caso de La puta y el gigante, presentada en el segundo y tercer día, la postura vital y del saber hacer transita desde lo personal hacia la denuncia y la paradoja de lo escénico.

En el caso de Cover, presentada en el tercer día, hay una espectralidad  que afectó a Magdalena Leite al aproximarse a Ivonne Rainer, el Manifiesto del no y Trio A, desconocida en América Latina y hegemonizada Francia, afección compartida en otro espacio académico donde señaló cómo una pieza generada para compartir se clausura por la misma autora desde los derechos de autor manifestados como derechos de distribución del conocimiento. Leite dio a conocer esto presentando Cover mediado por Trio A y aderezado con Glamour y sus respectivos detalles con una postura escénica respecto al plagio, con un futuro anterior del encierro y con lo absurdo de la normatividad de la expresión. Oyendo conversaciones fuera del confesionario, llamó la atención el honesto desenfado con que fue expresada Cover y la pertinencia del tiempo que duró la presentación.

Pero hay otro archivo encarnado en la corporalidad: el de los habitus volcados en el confesionario el día de hoy. Habitus adiestrados desde la educación artística de la escena, habitus de la identidad confrontada, habitus que han fluctuado en un saber hacer entre los procesos y las paradojas, donde se manifiesta el condicionamiento simbólico que se tiene de una práctica. Quizá ese condicionamiento, en ese espacio conversacional fue trastocado a partir de la expresión de afecciones que provocó La puta y el gigante.

En ese espacio, se mencionó cómo incidir en una realidad determinada, y ésta es narrada hasta el martes en el lugar de convivio con Prácticas de Vuelo. Uno de los proyectos en Oaxaca, El Balcón, es compartido por dos provocadores y testigos quienes mediante el parasitaje, entendido como acciones específicas de intervención en un mercado oaxaqueño, fue posible dislocar la encarnación de habitus de los líderes y de los niños que ahí habitan. Aprovechando el vacío cronotópico en los tiempos muertos, en los espacios vacíos, incursionaron parasitariamente desde el arte, en la vida pública y privada del propio mercado. Aquí, encarnar un archivo histórico latiente permitió  incidir  con una estrategia sutil.

Cierto, hay un sensar común que se comparte con el manifiesto del no, el no conmover entendido desde la creación de la ilusión escénica, sin embargo la conmoción de una red de afectos que van desde la expectativa hacia la caótica expresión, los silencios, y la narrativa de experiencias diversas, presentifican que, transitando desde la sola referencia de lo político hacia la encarnación de un archivo de afecciones no hay exclusión posible de la responsabilidad entendida como esta respuesta que genero al momento de ser tocado, e incluye al propio silencio. Esa responsiva es, en conjunto, restos por venir…

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